El insoportable peso de la vida que se marcha.

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Hoy no puedo evitar, como cada día, mirarte, acercarme a ti y susurrándote al oído pedirte; -No te vayas-.

Hoy no puedo evitar, como cada día, mirarte, y hacia mis adentros, despedirme de ti…

Desde hace semanas siento como a cada día, a cada hora envejeces un poco más, de manera vertiginosa, sin control, no sé en qué mecanismo natural de egoísta necesidad de llevarte. Ya no puedo decir que lo llevas de manera ligera, porque ya no me sonríes (en mis ojos) como hacías antes. Te has vuelto seria, pausada, dormilona, ya no miras todo lo que acontece a tu alrededor, sino que descansas horas y horas… y cuando te levantas de tu cama para cambiar la posición inerte y cansada de las horas en el mismo lugar, lo haces con desdén, con esfuerzo, porque tus patas de detrás ya no son tan fuertes como antes…

Me pregunto, cuando me miras, que es lo que pensarás ahora que ya eres vieja. Supongo que te preguntarás que porras pasa que tu envejeces y yo no. Para ti mis 11 años de diferencia apenas los notarás, no me he deteriorado tanto como tú, y quizá, eso sea una de las cosas que os maravillan tanto a los perros de nosotros y que nos convierte en Dioses ante vosotros; nuestra denostada longevidad, nuestra inmortalidad.

Maldita sea, por qué no envejeces a mi ritmo, dejando que los años nos abrasen a los dos por igual, permitiéndonos al uno y al otro, compartir glorias y penas por igual…

Hoy, Dana, me ha contado que la perra de 15 años de un amigo al fin se ha marchado. Llevaba una semana que ya no comía, y solo se levantaba para beber un poco de agua. Ayer, me contaba Dana, cuando su amigo llegó a casa, su perra ya no se levantaba, le acercó el agua para beber, y su cuello ya no podía sostener su cabeza en el movimiento de llevar con la lengua el agua a casa… luego apenas pudo moverse, y cuando él la abrazó, ella suspiro 3 veces para marcharse y no volver…

Llevo un buen rato llorando, porque yo no quiero pasar por eso, yo no quiero que te vayas, todavía me haces falta, siempre me harás falta, y no sé cómo voy a poder sobrellevar tu ausencia. Eres mi maestra de vida, y yo, a día de hoy sigo siendo tu alumno más torpe, que más asignaturas suspende en todas las materias que me enseñas. ¿Cómo voy a poder graduarme sin ti? No quiero que te vayas Karma…

Y en esta sinrazón de no asumir que algún día te marcharás, mi corazón, mi alma, y mi condena, claman, gritan, vociferan que no te vayas pronto, y si puede ser; que no te vayas.

No consigo asumir que vas a morir Karma… y no sé cómo hacer para escapar de este bucle de dolor, nostalgia y sentimiento infinito de amor por ti…

Y mientras tanto, en este devenir de la vida, sigo pidiéndote en tu oreja que no te marches, y tú no me comprendes, y sigo pensando cada noche cuando entro en la habitación para verte antes de dormir, -“por si no te vuelvo a ver, hasta siempre maestra”- en un profundo respeto, cariño y admiración que jamás he sentido por nadie…

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