Periodistas: huir y salvar la vida o arriesgarla para informar.

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(c) Getty Images

El ataque yihadista a la revista satírica “Charlie Hebdo” del pasado miércoles se cobró la vida de 12 personas, entre ellas la de varios periodistas de este medio.

El periodismo ha sido en los últimos tiempos bastante castigado por el terrorismo islamista, que ve con recelo la labor de los informadores.

Mosul, en Irak, es una de las ciudades que más lamenta este problema, especialmente desde que cayera el pasado año bajo el control del EI.

“Vivimos los peores días en una cárcel grande que se llama Mosul y estamos esperando nuestro destino: la prisión o la muerte”. Estas son las palabras del periodista iraquí Abu Bashar que decidió plantar cara a los yihadistas, algo que no todos los reporteros de esa ciudad pudieron hacer.

Cuando el grupo radical Estado Islámico tomó el control de Mosul el pasado 10 de junio, los periodistas de la urbe comenzaron a ser vigilados y posteriormente perseguidos.

Así, se ven en una auténtica encrucijada: huir y salvar su vida o arriesgarla para informar sobre el terreno.

Bashar optó por quedarse y hacer su trabajo allí. Hace dos meses tuvo que refugiarse en casa de unos parientes para poder seguir informando desde la clandestinidad, a la sombra del Estado Islámico.

Sin embargo, el caso de Bashar no es habitual entre los informadores que antes de la invasión del EI trabajaban en Mosul.

Según el Comité Iraquí de Defensa de los Derechos de los Periodistas, más de 50 reporteros y escritores han abandonado desde entonces la población hacia otros destinos más seguros, como Bagdad y la región autónoma del Kurdistán, o incluso el extranjero.

Entre ellos existen incluso algunos que dejaron de ejercer su trabajo y se desplazaron a otras zonas para practicar otras profesiones como la carpintería, la herrería y el comercio para ganarse la vida.

Uno de estos periodistas reconvertidos por obligación es el fotógrafo Kazem al Taei, que cuenta que huyó de su localidad y se refugió en Al Sheijan, 20 kilómetros al norte, donde trabaja en una estación de producción de electricidad.

“Abandoné Mosul un mes después de que fuera ocupado por el Estado Islámico, y tras dos meses sin trabajo, me he visto obligado a buscar otra profesión para ganarme la vida, aunque mi sueldo no puede cubrir las necesidades para mantener a mi familia”, señala.

Por su parte, el miembro del Sindicato Iraquí de Prensa Sufian al Mashadani explica que los periodistas que abandonaron sus casas sufren igual que el resto de los refugiados iraquíes y se desplazaron a otras localidades más estables.

Señala también que además de perder el trabajo, varios periodistas han perdido incluso sus casas y sus vehículos, arrebatados por el EI.

El reportero Daniel Qasem, que trabajaba para la televisión estatal iraquí, tuvo que escapar de Mosul junto a seis miembros de su familia sin poder llevarse sus propiedades con él, que fueron luego confiscadas por los yihadistas.

“No teníamos tiempo que perder, así que salí andando con mi familia”, describe Qasem, que trabaja en una radio local en la zona de Sinyar, al norte de Mosul.

El fotógrafo Yunes al Hamdani, que abandonó esta ciudad recientemente, explica que se vio obligado a escapar de la urbe después de que los yihadistas empezaran una investigación para identificar a los periodistas que envían fotos desde la localidad a los medios de comunicación.

Añade que desde la ocupación de Mosul por parte del EI y hasta su huida, cubría los acontecimientos dentro de la población y enviaba fotos y artículos a las agencias internacionales y a sus colegas iraquíes que se encuentran fuera de la capital de la provincia de Nínive.

Entre las escenas que fotografió destacan las detenciones, las lapidaciones y las ejecuciones practicadas por el Estado Islámico contra algunos ciudadanos, especialmente, contra quienes critican sus métodos terroristas o apoyan al Gobierno.

El grupo terrorista ejecutó recientemente a Mislon Yauadi, presentadora del canal Al Mosulia, y capturó a otros reporteros, como Hisham Harbaui, Yalá Abadi y Yamal Subhi, este último de nacionalidad egipcia y trabajador de una televisión local iraquí.

La organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) condenó a finales de octubre la “persecución criminal y fanática” del EI a los periodistas y destacó que las zonas controladas por ese grupo se han convertido en “agujeros negros para la información”.

El reportero Ayham Omar lamenta que el año 2014 haya sido el peor para los periodistas en Mosul, ya que varios de ellos fueron asesinados. Por ello, según dice, decidió comprarse un arma para defenderse.

“Llevo mi pistola conmigo sin ponerle el seguro. No quiero permitir que se escape mi asesino”, asegura.

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Durante las revueltas de Egipto y Bahrein. 2011. (c) Getty Images.

Fuente: Agencias / Ser

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